Un poeta hecho detective y un detective disfrazado de anarquista. Y esa es la visión que vemos de los anarquistas, desde los ojos de quien los desdeña, y a ratos, les teme.
Porque bien comentaba Patto Damian en la entrega pasada, no es sólo entre hombres, es el anarquismo en sí, "queremos matar a Dios". Gregory, dominado por una promesa hecha sin mayor cuidado, queda fuera de la jugada y es el poeta-detective el que ocupa el lugar de Jueves y desde esa posición cuestiona y teme a los anarquistas.
En tanto anarquistas, cuestiona que se organicen en torno a un lider, pues contraviene el término mismo: "¿Qué quiere usted decir al hablar de sus ejércitos y del golpe que preparan? ¿Qué clase de anarquía es esa?".
Y luego se enfrenta a todos, de Lunes a Domingo, y la descripción de los personajes es cínica, maravillosa:
Domingo, inmenso, que "realmente tenía una cara muy ancha pero era, con todo, una cara humanamente posible".
Lunes: "sus ojos brillaban con una tortura intelectual"
Martes: "incurablemente trágico"
Miércoles: "su negra barba negreaba a fuerza de ser azul"
Viernes: tan viejo que "a diario temían que -su lugar- lo dejara vacante por defunción"
Sábado. escondido tras dos "discos negros".
Y luego el primer sobresalto al descubrir que Martes es un espía, el temor de Syme a ser descubierto y el singular reclamo de Domingo con un toque de admiración: "me gusta usted. Esto quiere decir que si supiera yo que ha muerto usted en el tormento, me sentiría molesto por espacio de dos minutos y medio".
La figura de Domingo singular, enorme, insultante, ¿cómo la visualizan ustedes?, con respuestas como "usted no comprende nunca... asno entre los asnos".
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