Club del Libro

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miércoles, 23 de marzo de 2011

La noche de las guitarras rotas

Probablemente lo último en lo que se piense al leer “La noche de las guitarras rotas”, el tercero de los Cuentos reunidos de Amparo Dávila al que nos acercamos, sea un cuento infantil. Sin embargo, en una lectura a fondo podemos reconocer la existencia de elementos típicos de los cuentos de hadas.

Podemos empezar por los personajes de la historia. Los principales son dos mujeres: una bruja y una princesa. La bruja es hermosa y joven y tiene un nombre cuyo solo sonido recuerda la musicalidad de un conjuro: Shábada; se encuentra en la plenitud de sus facultades y experimenta consigo misma las pócimas que elabora a partir de yerbas, cortezas, semillas, para, entre otras cosas, conservar su belleza. La princesa, por el contrario, se encuentra bajo un hechizo que la tiene sumida en la melancolía y los poderes de la bruja se le hacen evidentes en la tersura de su cutis, comparada con su propia belleza robada de la que sólo le ha quedado un vago aspecto de muñeca antigua. Entre ambas hay un reconocimiento inmediato y Shábada no puede evitar preguntarse si habrá conocido a la otra mujer en otro tiempo (antes, quizá, de que fuera embrujada, cuando tenía la belleza indudable de la protagonista de una historia romántica).

Además de estas dos mujeres, encontramos otro par de personajes característicos de los cuentos de hadas en las hijas de Shábada, Jaina y Loren. Como en otras historias, éstas son dos niñas que, sin supervisión adulta (pues Shábada está embebida en la charla con la princesa-muñeca) imprudentemente se empeñan en internarse dentro de un mundo mágico (la tienda de instrumentos musicales a la que han llegado), causando por todas partes destrozos por los que después serán reconvenidas por una figura aterradora.

Esta figura es otro personaje de cuento infantil: un ogro violento, contrahecho y de mirada feroz que ahuyenta a las niñas y a la bruja de su guarida.

La situación de la princesa es también clásica de las historias de este tipo: víctima de un hechizo que le ha robado su belleza, se encuentra prisionera del ogro, que todas las noches la hace llorar desesperadamente.

No es nada raro encontrar que autores contemporáneos hagan en sus textos referencias más o menos directas a los cuentos infantiles clásicos. Como ejemplos de ello podríamos citar a la española Ana María Matute y a la argentina Luisa Valenzuela.

Por supuesto, todo esto es sólo nuestra lectura del cuento. ¿Cuál es la suya? No olviden hacernos saber sus comentarios y seguir pendientes de Lectores a Fondo, pues seguiremos leyendo los cuentos de Amparo Dávila. El próximo es “Garden party”.

3 comentarios:

  1. Yo pienso que Amparo, nos muestra a personajes que solamente viven de todo lo que hace envejecer.
    Dice el ogro: -¿por qué mis cosas?, mis cosas, sí, lo mío...
    Y olvidamos que la juventud (nuestra niñez) proviene de la música que hacemos en el mundo, desafinada quizá, pero música al fin.
    Encuentro (en mi mente esquizofrénica) que cuando nos enojamos, al ver que "toman nuestras cosas y las llenan de dedos, de chicle, de babas" volvemos, sin querer, rígida nuestra vida.
    Las guitarras se rompen, con los gritos de un adulto que no quiere escuchar la música de su corazón y recurre a la juventud (superficial) que encuentra en las plantas, las pócimas y las cremas...
    Eso creo yo, que aún soy un niño.

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  2. @TERRACUARIUM:
    Tienes toda la razón al notar que estos personajes se aferran a una juventud artificial. Y son las niñas de Shábada, Jaina y Loren (quienes, como dices, son las únicas que hacen música en esa tienda de instrumentos musicales, las únicas verdaderas jóvenes), intentan hacérselo ver a su madre desde el principio de la historia, al pedirle que, en lugar de gastar su dinero en hierbas, les compre una guitarra.

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  3. LeifEriksonmarzo 27, 2011

    ME PARECE INTERESANTE QUE SE COMPARE ESTE CUENTO CON UN CUENTO DE HADAS. ES UN POCO OBVIO EN EL CASO DEL OGRO PERO NO LO HABIA PENSADO EN LOS DEMAS CASOS Y CREO QUE SI TIENE LOS PERSONAJES TIPICOS AUNQUE LLEVADOS A UN EXTREMO MAS OBSCURO.

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