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miércoles, 27 de julio de 2011

El complot mongol: Recomendaciones y nueva lectura

Para concluir la lectura de El complot mongol, de Rafael Bernal, como ha sido nuestra costumbre durante el reto de 18 novelas en 18 semanas, ofrecemos algunas recomendaciones literarias a todos aquellos que hayan disfrutado de esta obra.



Empezaremos, por supuesto, por recomendar la lectura de otras novelas de Rafael Bernal. Si bien El complot mongol es ampliamente considerada su mejor novela, no se pueden dejar de lado otros libros suyos de género policial como Un muerto en la tumba y Tres novelas policiacas, además de su inquitante acercamiento a la ciencia ficción, Su nombre era muerte y los cuentos de En diferentes mundos.

El policial es un género favorito de lectores y de autores y podemos citar una larga lista de grandes recomendaciones. Veamos primero algunas de autores mexicanos. Por supuesto tenemos que empezar por Paco Ignacio Taibo II y su serie del detective Belascoarán Shayne, iniciada con un clásico del género: Días de combate. En cambio, una serie que apenas empieza, pero que ya promete mucho, es la del Zurdo Mendieta, detective creado por Élmer Mendoza en las novelas Balas de plata y La prueba del ácido, en las que el fenómeno del narco tiene un lugar importante.

En diferentes mundos Todo Belascoarán Balas de plata

Entre otras novelas mexicanas de género policial, con diversos manejos, podemos mencionar El miedo a los animales, de Enrique Serna, irónica visión del panorama literario de nuestro país; Apostar el resto, de Antonio Malpica, llena de personajes pintorescos y con un ritmo trepidante; Trago amargo, de F.G. Haghenbeck, que tiene como escenario el rodaje en Puerto Vallarta de la película La noche de la iguana, de John Huston; la sorprendente La muerte me da, de Cristina Rivera Garza, en la que brutalidad y poesía se dan la mano; Belleza roja, de Bernardo Esquinca, una escalofriante mirada a los cánones estéticos de nuestra sociedad, y la espléndida Los minutos negros, de Martín Solares, una de las mejores novelas negras que se hayan escrito en nuestras letras.

También en español, pero del otro lado del océano, encontramos otra serie que empieza con gran expectativa, la de un detective gallego (y no es chiste): Leo Caldas, protagonista de Ojos de agua y La playa de los ahogados, de Domingo Villar.

Para terminar, y no hacer más larga la lista, no podemos pasar por alto el fenómeno de la novela policial nórdica, donde destacan de manera especial Åsa Larsson, con títulos como Aurora boreal y Sangre derramada y Henning Mankell, en particular con la serie del detective Wallander.

El miedo a los animales Belleza roja Sangre derramada

¿Se les ocurre alguna otra recomendación?



A partir de mañana iniciamos una nueva lectura en el reto de 18 novelas en 18 semanas: Educar a los topos, de Guillermo Fadanelli.

Educar a los topos

martes, 26 de julio de 2011

El complot mongol: Crítica de su tiempo

Nos acercamos al final de la lectura de El complot mongol, de Rafael Bernal, novena de nuestras 18 novelas en 18 semanas.

 

Una de las características principales de la novela negra es la de tener como protagonista a un hombre que, por su trabajo, se involucra con lo más alto de las esferas de poder y, al mismo tiempo, con lo más oscuro de los bajos fondos (ámbitos que por lo general suelen coincidir), y a través del cual el autor puede dirigir una mirada crítica a la sociedad de su momento.

En ese sentido, El complot mongol no es ninguna excepción. Filiberto García trabaja de forma directa para el régimen en el poder: los herederos de los revolucionarios a quienes su infaltable título de “licenciados” les sirve para torcer la ley a su antojo con el fin de conseguir cualquier objetivo que se hayan propuesto. El Comandante y Del Valle son el epítome de esta clase política y Filiberto, a pesar de criticar a cada momento esta práctica, no se queda atrás y cuando toca su torno de buscar sacar provecho del problema que le plantea Martita, lo primero que se le ocurre es invocar a la ley.

El complot mongol
Detalle del cómic El complot mongol, guión de Luis Humberto Crosthwaite, ilustraciones de Ricardo Peláez Goicoetxea, publicado por Grupo Editorial Vid.

García es visto con desprecio por todos esos “licenciados” pues les recuerda el pasado del que proviene su poder, un pasado de brutalidad y barbarie que supuestamente ha quedado atrás, pero es precisamente la presencia de Filiberto la prueba de que nada ha cambiado y de que la ley sigue siendo sólo una serie de bonitas palabras sobre papel que en la vida real no tienene ninguna aplicación.

Y así como la ley es en México sólo un pretexto para los discursos de los políticos, lo son también las ideologías. Filiberto se burla de ellas, principalemnete en las figuras de Graves y Laski, los espías con quienes se ha involucrado en la investigación del complot. Ambos, estadounidense y ruso, símbolos de los dos polos del poder mundial, utilizan métodos similares en la consecución de metas parecidas y sin embargo siempre intentan denostarse uno al otro y al réginem al que representan.

Filiberto, a pesar de todos sus defectos, parece ser el único personaje que tiene conciencia y que puede critica lo que ocurre a su alrededor.

 

Mañana concluiremos la lectura de El complot mongol, de Rafael Bernal, con algunas recomendaciones literarias y con el anuncio de la nueva lectura del reto de 18 novelas en 18 semanas.

viernes, 22 de julio de 2011

El complot mongol: Desprecio del asesino

Seguimos adelante con la lectura del noveno libro del reto de 18 novelas en 18 semanas: El complot mongol, de Rafael Bernal.



Filiberto García, el fabricante de muertos en serie protagonista de El complot mongol, tiene siempre un “pinche” en la boca. Esta palabra que los mexicanos utilizamos para mostrar nuestro menosprecio (o franco desprecio) por algo, se repite una y otra vez en su narración y se aplica a todo cuanto le rodea: los chinos, Martita, el complot en el que se haya involucrado, el Comandante, el señor Del Valle y un largo etcétera.

El complot mongol
Detalle del cómic El complot mongol, guión de Luis Humberto Crosthwaite, ilustraciones de Ricardo Peláez Goicoetxea, publicado por Grupo Editorial Vid.

Ese desprecio es comparable con el que los demás sienten por él. Quienes no lo conocen sienten repulsión por su inconfundible presencia de pistolero, de hombre peligroso. Y quienes sí lo conocen lo desdeñan más aun.

García es una reliquia del pasado que la clase gobernante quisiera olvidar (aunque no descartarla del todo) y se tiene que enfrentar al desdén de aquéllos para quienes trabaja, a los que llama, en general, “los licenciados”: la nueva clase política, los cachorros de la Revolución, universitarios que para todo invocan a la Ley, principalmente para violarla, y que sobajan a Filiberto por su condición de asesino a sueldo, aunque no por ello dejan de requerir de sus servicios para que sea él, ese hombre despreciable, quien se encargue del trabajo sucio que no podrían realizar con sus propias manos de uñas manicuradas.

Y si eso fuera poco, Filiberto, a pesar de lo que pudiera parecer, no se tiene en gran estima: el desdén de que hablábamos al principio lo aplica también a su propia vida, a su pasado, a sus muertos. García siente tanto desprecio por los demás como por sí mismo.

Así, ¿como podría Filiberto García, que se encuentra aislado del mundo por un hondo desprecio mutuo, dedicarse a otra cosa que no fuera matar?



Sigan pendientes de Lectores a Fondo, donde esta semana continuaremos leyendo El complot mongol, de Rafael Bernal.

jueves, 21 de julio de 2011

El complot mongol: Muertos en serie

Como cada jueves, iniciamos una nueva lectura como parte de nuestro reto de 18 novelas en 18 semanas. En esta ocasión se trata de una intensa y divertida novela negra situada en la Ciudad de México de los años de la Guerra Fría: El complot mongol, de Rafael Bernal.



Rafael BernalViajero, diplomático y escritor, Rafael Bernal (México, 1915 - Berna, 1972) incursionó en la dramaturgia, la poesía, la narrativa, la traducción y el periodismo. Sin embargo, lo más reconocido de su carrera en las letras fueron sus novelas policiales, entre las que destaca particularmente El complot mongol. Considerada la primera novela negra mexicana, fue llevada al cine en 1978 por el director Antonio Eceiza y en 2000 se adaptó a formato de cómic en un proyecto que, desgraciadamente, quedó inconcluso.



El complot mongol se nos cuenta siempre desde el punto de vista del protagonista, Filiberto García, aunque no se narre siempre en primera persona, como sí éste tomara distancia de sí mismo para poder apreciar lo que ocurre a su alrededor. Filiberto García es, en pocas palabras, un matón. Un asesino al servicio del régimen que se encarga del trabajo sucio, ése que no se puede presumir en las primeras planas de los diarios, aunque a veces las ocupe. Él se define como un “fabricante de muertos”. Es el único oficio que conoce y, además de que le provee de buen salario, no consume mucho tiempo.

La muerte rodea a Filiberto. Desde las primeras líneas de la novela lo podemos ver como un personaje solitario, callado, inexpresivo. Vive dentro de un departamento muerto, que parece más un cuarto de hotel que el lugar que una persona pudiera llamar hogar. Salvo sus ojos verdes, él mismo parece muerto, callado, inexpresivo siempre.

El complot mongol
Detalle del cómic El complot mongol, guión de Luis Humberto Crosthwaite, ilustraciones de Ricardo Peláez Goicoetxea, publicado por Grupo Editorial Vid.

Y sus muertos. Porque todos a quienes él ha matado son suyos. En primer lugar porque nadie más los reconocerá: sus jefes negarán en todo momento que le hayan pedido que los matara, pues siempre se amparan en la ley, la cual tuercen a su gusto. Y también son suyos porque se quedan en su memoria. O quizá sea al revés. Quizá los muertos lo poseen a él y lo acosan, no lo sueltan, se resisten a dejarlo en paz como se resisten a soltar el puñal que tienen clavado en el pecho, los zapatos que parecen aferrar con los dedos de los pies. Todos los muertos son así. Todos son iguales.

Pero no tan iguales, después de todo. Hay distintas categorías entre ellos. Los de Filiberto son muertos de segunda, a los que ni siquiera se les puede llamar cadáveres; “cadáver el de Juárez”, aclara él. Los suyos son muertos a los que nadie extrañará, pero que en algún momento alguien ha decidido que estorban y él se tiene que encargar de ellos. Para eso está. Para eso es un fabricante de muertos en serie.

¿Qué otras impresiones iniciales les da este fabricante de muertos?



Esta semana seguiremos leyendo El complot mongol, de Rafael Bernal, en el reto de 18 novelas en 18 semanas de Lectores a Fondo.