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miércoles, 20 de julio de 2011

Los relámpagos de agosto: Recomendaciones y nueva lectura

Para concluir la lectura de Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibagüengoitia, octava de nuestra lista de 18 novelas en 18 semanas, tenemos algunas recomendaciones literarias.



Empezaremos por recomendar algunos libros más de Jorge Ibagüengoitia, en los que el humor sirve para ver desde un punto de vista la historia de México: Los pasos de López, sobre un prócer de la lucha independentista y El atentado, obra de teatro en tono de farsa cuya trama, centrada en el asesinato de Álvaro Obregón por un fanático religioso, en cierta forma precede a Los relámpagos de agosto. Además, hablando de magnífico humor, son imperdibles los cuentos de La ley de Herodes.

También recomendamos textos de otros autores mexicanos en los que se toma una perspectiva distinta para ver a la historia nacional gracias al humor y la ironía. Rosa Beltrán nos muestra desde muy diversos puntos de vista la figura de Agustín de Iturbide y el primer imperio mexicano en La corte de los ilusos. En El seductor de la patria, Enrique Serna nos presenta su versión cínica de Antonio López de Santa Anna y sus avatares (y los de México) durante buena parte del siglo XIX. Ignacio Padilla observa con ironía la conmemoración de las fechas históricas en el cuento “Los anacrónicos”. En Decencia, Álvaro Enrigue, de quien ya leímos La muerte de un instalador, hace un largo recorrido desde la Revolución Mexicana hasta nuestros días, buscando responderse cómo es que hemos llegado hasta donde estamos.

Los pasos de López Los anacrónicos y otros cuentos

Autores de otros países también han revisado la historia a través del humor. En Tres ataúdes blancos, una obra que hemos leído con anterioridad en Lectores a Fondo, Antonio Ungar describe con humor casi grotesco la historia reciente de un país ficticio muy parecido a Colombia (y a otras naciones latinoamericanas). Luis Sepúlveda, por su parte, mira hacia atrás entre conmovedor y divertido para entender las revoluciones latinoamericanas de los años 70 en La sombra de lo que fuimos. Finalmente, Reinaldo Arenas reescribe en El mundo alucinante las Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, divertidas en sí mismas, como una forma de comprender la intolerancia y la persecución de los otros en las sociedades actuales.

Para terminar, no olviden acercarse a la obra de autores como Juan José Arreola (La feria, Bestiario, Confabulario) y Augusto Monterroso (La oveja negra y demás fábulas), poseedores de un fino sentido del humor.

El mundo alucinante La oveja negra y demás fábulas

A partir de mañana iniciamos la novena lectura del reto de 18 novelas en 18 semanas. En esta ocasión la lectura será negra: El complot mongol, de Rafael Bernal.

El  complot mongol

martes, 19 de julio de 2011

Los relámpagos de agosto: Traiciones textuales

Seguimos con la lectura de Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibagüengoitia, la octava de nuestro reto de 18 novelas en 18 semanas.



La historia que nos cuenta Ibagüengoitia en Los relámpagos de agosto es la de una serie interminable de traiciones ocurridas entre los miembros de la clase política y militar del México de los primeros años posteriores a la Revolución.

Las traiciones presentes en el texto son de distintos tipos. La más evidente se da entre los personajes de la novela, antiguos amigos y compañeros de armas que movidos por sus intereses políticos o, incluso, por sus propias filias y fobias personales, en determinado momento deciden traicionar a los demás si con ello obtienen algún provecho, aunque sólo sea el de saciar algún viejo rencor. Ya desde el prólogo, el general José Guadalupe Arroyo, narrador de la historia, nos previene de las (supuestas, debemos aclarar) mentiras que de él han dicho algunos de sus antiguos correligionarios, el Gordo Artajo, Germán Trenza y Vidal Sánchez. Y a lo largo de la novela seremos testigos de más traiciones de unos a otros.

Los relámpagos de agosto

Otra traición, acaso mayor, es la que todos estos revolucionarios perpetran en contra de los principios que en un momento (ahora lejano) animaba la lucha que llevaron a cabo, para buscar solamente el poder para obtener de él benificios personales, sin ninguna intención de que su ejericio lleve beneficios a alguien más. Baste recordar que en algún momento Vidal Sánchez, quien, como los demás, pretende saber lo que más conviene al país, discute con Arroyo sobre la inutilidad de las elecciones limpias.

Finalmente podemos hallar a lo largo de la novela una serie de traiciones, textuales, por así llamarlas, que forman parte del estilo con que Ibagüengoitia logra conformar la figura cómica del narrador. A cada momento Arroyo, dirigiéndose a los lectores, nos previene sobre algo que no va a decir, pero termina diciéndolo o, al contrario, utiliza eufemismos para no decir de forma directa las palabras (o palabrotas) que de cualquier manera ya se encuentran en la mente del lector.

El único que no nos traiciona en esta novela es el autor, quien sin duda consigue lo que se propone, al entregarnos un libro memorable.

Mañana concluiremos Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibagüengoitia, con las acostumbradas recomendaciones literarias y el anuncio de la nueva lectura.

jueves, 14 de julio de 2011

Los relámpagos de agosto: el humor de la historia

Hoy iniciamos la octava lectura del reto de 18 novelas en 18 semanas. En esta ocasión nos encontramos con un texto sin par en nuestras letras, una visión hilarante de la historia de México: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibagüengoitia.

Jorge Ibargüengoitia

Dramaturgo, narrador, ensayista, traductor y periodista, Jorge Ibagüengoitia (Guanajuato, 1928 - Madrid, 1983) inició su carrera como escritor a mediados de la decáda de 1950, pero es en 1963 y 1964 cuando empieza a recibir reconocimiento al obtener, en años consecutivos, el Premio Casa de las Américas para teatro y novela por El atentado y Los relámpagos de agosto, respectivamente. Poseedor de un sentido del humor que va de lo sutil a lo desternillante, Ibagüengoitia es un referente para la literatura mexicana. Además de las obras mencionadas, pueden contarse entre los títulos de su autoría el celebrado La ley de Herodes y otros cuentos y las novelas Maten al león, Las muertas y Los pasos de López, esta última, otra revisión de la historia de México hecha con gran sentido del humor.



En Los relámpagos de agosto asistimos a las memorias de un ficticio general revolucionario, José Guadalupe Arroyo, sobre hechos ocurridos durante 1928 y 1929 (en tiempos de la guerra cristera), tal como éste se las relata a Ibagüengoitia, quien logra crear un personaje por el que se puede sentir empatía pese a lo ridículo que es.

El autor parodia las biografías y autobiografías de los militares de la Revolución utilizando el estilo, ridiculizado, de hablar de los revolucionarios venidos a políticos: ninguno de ellos puede abrir la boca sin que parezca que está a punto de dar un discurso frente a una gran audiencia y el protagonista y narrador de la historia, Guadalupe Arroyo, que critica esta tendencia en el resto de los personajes, cae en la misma afectación al referir sus hazañas.

Este último es otro de los recursos de los que se vale Ibagüengoitia para dotar de gran humor a su novela: Arroyo, está siempre listo para encontrar innumerables defectos en todos cuantos le rodean, enemigos o amigos (es decir, futuros enemigos), pero nunca para considerar los propios, pues a sí mismo sólo se ve como un manojo de virtudes, un héroe sin parangón, pese a que la narración nos vaya mostrando todo lo contrario, que él es tan inepto como sus compañeros de lucha.

Los relámpagos de agosto

Pero quizá el recurso más valioso para el humor de la novela lo otorgue su propio tema: el autor retoma personajes y hechos más o menos conocidos de la historia, los parodia y los mezcla con hechos ficticios que parecen más autenticos que la realidad. Así, mientras la historia oficial del país nos habla de héroes sin tacha, valientes próceres siempre dispuestos a dar sus vidas desinteresadamente en favor de la Patria (discurso que maneja el proipio Arroyo a cada momento), los personajes de Ibagüengoitia se nos presentan como hombrecillos tontos, desconocedores de las artimañas de la política o incluso de las mínimas estrategias militares (no obstante ser la mayoría generales condecorados) y siempre ávidos de satisfacer sus mezquinos intereses. Leyendo la novela, pensando en las semejanzas entre realidad y ficción, debemos reír para no llorar.

¿Qué otros recursos humorísticos encuentran en la novela?



Durante toda la semana continuaremos leyendo Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibagüengoitia, en el reto de 18 novelas en 18 semanas.