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miércoles, 25 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Después del final (el principio)

Hemos llegado al final de Tres ataúdes blancos, la novela de Antonio Ungar ganadora del 28° Premio Herralde.



Lo que se nos cuenta en el epílogo es sorprendente por lo que esperábamos y por lo que ni siquiera podíamos imaginar. Por lo que se nos revela y por lo que se nos deja de contar. Es sorprendente, sobre todo, por la forma en la que se hace: el autor rompe todo lo que venía haciendo hasta ahora y utiliza un estilo distinto, un narrador distinto, incluso un tiempo distinto del que imaginábamos. Y no puede ser de otra manera, pues éste es un libro diferente del que hemos leído hasta ahora. Aquél ya terminó.

El nuevo narrador nos cuenta lago sucedido en otro lugar, en otra vida, y ha hecho un viaje tan largo que sólo puede tener como destino el origen. Y ahí es a donde nos lleva.



Gracias por habernos acompañado durante la lectura de Tres ataúdes blancos. Recuerden que ahora nos esperan 18 nuevas lecturas y esperamos que nos acompañen a lo largo del trayecto que estamos a punto de emprender. Su participación es lo más importante, porque en el Fondo todos leemos.

lunes, 23 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulos 10 y 11

Estamos a punto de terminar la lectura de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar. Esta vez, los capítulos 10 y 11.



Aún cerca del final, el narrador tiene cosas nuevas que contarnos sobre Miranda. La historia puede tener final, pero la brutalidad no, y eso queda claro cuando nos habla de los “corrales” o “carnicerías”. También el paisaje de la república ficticia sigue cambiando: hemos pasado desde que inició la historia por la moderna capital, por las hermosas playas de la colonial Ciudad Amurallada, por el paraíso tropical que sirvió de refugio a Cantoná y a Ada Neira. Y ahora, como quien se dirige al infierno, pasamos por una sabana africana en Latinoamérica.

Pero el infierno resulta ser la lujosa propiedad de alguien (¿el Diablo?) que pretende castigar a Cantoná por revelar secretos que no debían contarse, quizá porque no eran en absoluto secretos para nadie. Hasta este lugar ha sido arrastrado por hombres uniformados que, finalmente, lo dejan en el único lugar en el que deseaba estar: junto a su amada.



De ahí Cantoná y Ada saldrán nuevamente contra su voluntad, nuevamente con rumbo desconocido, pero esta vez, al menos, juntos.

Pero no por mucho tiempo. Cuando termine el breve capítulo, como nos ha acostumbrado Ungar, la situación cambia completamente para volver a lo que era antes. Pero en unas cuantas líneas cabrá la posibilidad de vislumbrar un futuro, pero la pregunta es ¿valdrá la pena siquiera considerarlo?



En la próxima ocasión leeremos la última parte de Tres ataúdes blancos: el epílogo titulado Después de terminar (El principio).

viernes, 20 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 9

Leamos ahora el capítulo 8 de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.

Los mejores momentos del humor del autor son sin duda aquellos en los que refleja la situación politica de la República de Miranda, quizá por lo ridículo que resulta todo: la figura de Del Pito, la colaboración de los medios, la complicidad de aristócratas y “opositores”. Y resulta más hilarante aún frente a las reacciones de Cantoná y, en este caso, además, de Jairo, que se regodean en el fracaso, ante el desconcierto (y el abandono, ya esperado) de Ada Neira.

Un punto muy interesante del capítulo llega con la descripción del video con el que cantoná planea evidenciar las corruptelas del presidente Del Pito. Ungar es muy hábil para lograr que el lector sea capaz de ver mentalmente el video conforme va leyendo los párrafos que lo conforman.

Y en el mismo pasaje resulta interesante también cómo logra hacer creíble la apropiación que, por fin, logra hacer el narrador-protagonista de su papel de Pedro Akira. Y esto trae un ligero acercamiento a Ada, de quien ya habíamos especulado que estaba más enamorada del disfraz de Akira que del propio Cantoná. Sin embargo, quizá sea ya demasiado tarde para retomar el papel del héroe.

La construcción que Ungar hace del capítulo es espléndida y se basa del todo en el ánimo del personaje principal: al principio hay una nota de pesimismo de parte de Cantoná, pues siente que la muerte ronda su refugio tropical. Conforme transcurre la acción, sin embargo, principalmente después de la realización del video, el optimismo vuelve al personaje, pero no dura mucho tiempo. El capítulo cierra de nuevo con el pesimismo cayendo sobre Cantoná, recordándonos mucho lo ocurrido al final del capítulo 6.



Sigan pendientes de Lectores a Fondo. A continuación leeremos dos capítulos muy breves: el 10 y el 11.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 8

En esta ocasión nos referiremos al capítulo 8 de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.



Durante los capítulos anteriores (y en particular en el capítulo 7) se va construyendo un enigma alrededor del atentado que le costó la vida al doctor Neira y de la reclusión a que se sometió inmediatamente después a José Cantoná. El enigma será resuelto al final de este capítulo, y con ello dará inicio la última parte de la novela.

A lo largo de este capítulo, la narración va y viene de José Cantoná a Jairo Calderón y de esta forma ambos se nos revelan como personajes que guardan cierto paralelismo y podemos constatar que comparten más que sólo las iniciales de sus nombres: al quedar Jairo en la mira de quienes están involucrados en el complot relacionado con Akira, no sólo perderá a una persona muy querida, como ocurrió con Cantoná, sino que también verá en peligro su vida y ésta quedará para siempre marcada, después de hundirse durante meses en su propio infierno, del que también saldrá a base de voluntad, sólo para atestiguar que en realidad nada ha cambiado.

La pérdida de la mujer amada por parte de Jairo podría darnos alguna pista sobre lo que ocurrirá con José Cantoná y Ada Neira, sobre todo si consideramos el últimatum que ésta le ha dado a aquél para que deje todo por seguirla.

Jairo Calderón ofrecerá a Cantoná la información que necesitaba para resolver el enigma y ahora será su responsabilidad decidir cómo utilizarla.



Cada vez estamos más cerca del final. Lo siguiente será leer el capítulo 9 de Tres ataúdes blancos.

lunes, 16 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 7

En esta ocasión nos referiremos al capítulo 7 de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.



El capítulo está marcado por un enigma que se debe resolver y el autor lo indica simbólicamente de principio a fin: inicia con José Cantoná resolviendo crucigramas y termina con Jairo Calderón perdiéndose en el lujoso laberinto de un político mafioso millonario. Entre ambos puntos, el narrador-protagonista se hace preguntas sobre la conspiración que lo llevó a refugiarse en el paraíso tropical que, tras la muerte de su padre, se ha vuelto un infierno.

También infernales fueron las llamas con las que concluyó el capítulo anterior y que en éste son recordadas como premonitorias de la destrucción hacia la que todo parece dirigirse sin remedio, no obstante que, tras una epifanía, Cantoná decida es que mejor seguir vivo, “aunque sea para no estar muerto”.

Con el regreso de Jairo Calderón con noticias sobre Parra y Rabat todo parece volver a cierta forma de normalidad, lo cual no es necesariamente bueno, pues lo normal en Miranda resulta a la larga aterrador.

En este punto la narración se transfiere a Jairo y complementa algunas cosas que ya había contado Cantoná, llenando espacios en blanco, como se llenan poco a poco las líneas de los crucigramas, aprovechando lo que ya se conocía y revelando nuevos datos.



Sigan pendientes de Lectores a Fondo, pues pronto seguiremos con el capítulo 8 de Tres ataúdes blancos.

viernes, 13 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 6

Hemos llegado al capítulo 6 de Tres ataúdes blancos, la novela de Antonio Ungar.

Ya nos habíamos referido en ocasiones anteriores a los sueños que con frecuencia relata el narrador-protagonista José Cantoná y la relación que guardan con el desarrollo de la historia. En este capítulo, Ungar da un giro a la forma en la que los ha presentado hasta ahora, en que el personaje contaba con detalle su sueño y, aunque éste pareciera ser premonitorio respecto a lo que ocurriría de inmediato en la historia, no le otorgaba mayor importancia, dejando la responsabilidad de la interpretación al lector. Esta vez el sueño no se nos cuenta el sueño, pues Cantoná no lo recuerda, pero sí la interpretación del personaje que ahora le confiere gran importancia.

Es interesante también notar la estructura de este capítulo: al inicio de él, Cantoná intenta olvidar los días previos a su llegada con Ada Neira al paraíso tropical, los días en los que fingió ser otra persona, pero al final lo que terminará olvidando serán los días anteriores a todo eso, los de su verdadera identidad. Y no sólo eso, sino que además destruirá el lugar al que siempre volvía como una forma de volver al pasado, a lo que realmente era: la casa de sus padres. Cantoná encontrará entonces el verdadero olvido y sólo quedarán los días falsos.

Por último mencionaremos que en este capítulo se presenta el que al parecer será el conflicto final de José Cantoná: la disyuntiva entre realizar la tarea que se había encomendado a sí mismo al asumir la identidad de Pedro Akira (y con ello seguir el consejo que le dio su padre la última vez que lo vio con vida) u olvidarlo todo y seguir al amor de su vida, Ada Neira.



Nos acercamos al final de la novela. Sigan al pendiente y compartan con nostros sus lecturas de Tres ataúdes blancos. Pronto continuaremos con el capítulo 7.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 5

Iniciemos la lectura del capítulo 5 de la novela Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.

 

 

En este breve pero intenso capítulo la historia parece dar un giro a partir de pequeños indicios que se nos han dado hasta ahora.

Podemos ver, por ejemplo, que la pesadilla con la que inició el capítulo anterior en cierta forma se hace realidad en éste: el narrador-protagonista-héroe de la historia se halla encerrado contra su voluntad dentro de un edificio, sin contacto con nadie y temeroso de la suerte que pueda correr Ada Neira, de quien se ha separado tras el atentado de que ha sido víctima su padre.

Otras situación que se habían dejado entrever y que se concreta en este capítulo es la extraña complicidad que guardan Luis Rabat y Jorge Parra, al parecer al margen del resto de la cúpula del Movimiento Amarillo.

¿Hay más hilos sueltos que nos permitan suponer lo que sucederá a continuación en la historia?

Por lo pronto hay una vuelta de tuerca importante en la misma, al convertirse Cantoná en un fugitivo de aquellos a quienes se había unido en la maquinación para ocultar la primera y verdadera muerte de Pedro Akira y que son los mismos que ahora dan a conocer la segunda y falsa. Y es falsa porque en esta ocasión el muerto debería ser el falso Akira, Cantoná, pero él ha huido y se dirige hacia el reencuentro con Ada Neira.

Un detalle digno de mencionar es que en este capítulo aparece el segundo ataúd blanco, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿cuándo aparecerá el tercero y quién será su ocupante?

En los próximos días continaremos con la lectura del capítulo 6 de Tres ataúdes blancos.

lunes, 9 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 4

Sigamos leyendo Tres ataúdes blancos, la novela de Antonio Ungar. En esta ocasión nos referiremos al capítulo 4.

Al iniciar el capítulo, José Cantoná, el protagonista, nos relata una pesadilla en la que se ve encerrado mientras atestigua el asesinato de su amada Ada Neira. El sueño será una premonición de lo que depara la historia, pero no le servirá al personaje, pues él lo olvida de inmediato, sino al lector, en el que crea una impresión inmediata por recurrir a una imagen fácil de relacionar con un motivo de la novela: el edificio que sirve de prisión a Cantoná en su sueño parece un ataúd blanco, como los del título, como aquel en el que se encontraba Pedro Akira cuando Cantoná inició el proceso de sustitución. Por primera vez en el texto, el autor nos otorga más información que la que tiene el propio narrador.

Por otro lado, un personaje que sigue resultando intrigante es Jorge Parra, el asesor de Pedro Akira. Su encuentro con Cantoná, que en cierta forma recrea con gran humor negro el momento en el que el candidato fue asesinado, y la distinta forma que ambos tienen de recordar sus días de infancia, nos dejan claro que la percepción que cada tiene de los mismos eventos puede ser muy distinta. Hasta qué punto esta diferencia de opiniones será importante en el desenvolvimiento de la trama es algo que aún estamos por ver.

Respecto a la descripción de la Semana Santa en Miranda, ocurre algo similar a lo que apuntábamos respecto al sueño de Cantoná: el autor nos permite tener información que, aunque nos es dada por el narrador, para él carece de importancia, pero a nosotros nos advierte sobre lo que puede ocurrir. Así, al hablar el protagonista sobre la forma en que los medios y los políticos se comportan durante el periodo vacacional, él no sospecha que nada malo pueda ocurrir, pero nosotros lo intuímos de inmediato, especialmente al atestiguar la forma de actuar de Cantoná: sabemos que cuando vuelva de sus días de descanso en la Ciudad Amurallada (cuyos espacios físico y social, por cierto, guardan una gran semejanza con los de Cartagena de Indias), algo terrible habrá sucedido.

Vale la pena, por último, hacer hincapié una vez más en el gran manejo de la prosa que tiene Antonio Ungar: su forma de viajar del humor a la brutalidad y de regreso es espléndida.



Los invitamos a que sigan compartiendo con nosotros sus experiencias con la lectura de Tres ataúdes blancos y a que nos acompañen en los próximos días para leer el capítulo 5.

viernes, 6 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 3

Hemos llegado al capítulo 3 de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.

 

 

Es muy interesante que al mismo tiempo que José Cantoná, el protagonista, sigue en su camino de convertirse en otra persona (el difunto Pedro Akira), el autor continúa en el suyo de construir su verdadera personalidad. El resultado es un personaje bien delineado, complejo, lleno de contradicciones (como la relación de dependencia-rechazo hacia sus padres y la casa paterna).

Junto con Cantoná, también los personajes de Ada Neira y Jairo Calderón son desarrollados más a detalle, lo mismo que sus relaciones con el protagonista: con la primera continúa creciendo su historia de amor y con el segundo no sólo inicia una amistad, sino que se obtiene más información sobre el asesinato de Pedro Akira. ¿Qué les parece la forma en la que surgen y crecen estas dos relaciones?, es decir, ¿les parece que se dan de forma natural de acuerdo con el desenvolvimiento de la historia?

Otros personajes, como Martín Acosta, Jorge Parra y el resto de los dirigentes del Movimiento Amarillo, no parecen tener evolución alguna y en realidad sólo sirven como accesorios para la del propio narrador.

Quizá lo único digno de mencionar respecto a estos personajes sea la intervención (breve y casi imperceptible, pero contundente) de Luis Rabat hacia el final del capítulo. También podemos intuir que será de gran importancia la información a la que Cantoná ha tenido acceso clandestino.

Finalmente, algo de llamar la atención, son los sueños que tiene Cantoná. ¿Encuentran que sean importantes para el desarrollo de la historia? ¿Cómo perciben que se van relacionando con ella?



En los próximos días continuaremos con la lectura del capítulo 4 de Tres ataúdes blancos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 2

Prosigamos con la lectura de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar. En esta ocasión centrémonos en el capítulo 2.

Establecidas ya prácticamente por completo en el prólogo y el capítulo 1 la historia y la personalidad de su protagonista-narrador, ahora es tiempo de presentar a nuevos personajes que se relacionarán con él o nuevas relaciones con personajes ya conocidos. Los primeros en aparecer serán los miembros de la cúpula del Movimiento Amarillo: Luis Rabat, Martín Acosta y María Block. ¿Qué les parece la forma en la que estos personajes han sido construídos por el autor? A partir de la forma en la que son presentados, ¿pueden imaginar antes de continuar la lectura cómo se relacionarán con el protagonista y qué importancia tendrán para el desarrollo de la historia?

En este capítulo podemos ver también cómo crece la relación amorosa entre Cantoná y Ada Neira y las escenas eróticas entre ellos le sirven a Ungar como un nuevo medio para demostrar su magnífico manejo de la prosa. Sin embargo, ¿no les parece que las estas escenas resultan demasiado solemnes para el tono general de la prosa, es decir, que podría haberlas manejado con un poco más de humor? ¿O piensan que están escritas de la manera adecuada?

Donde el sentido del humor se hace de nuevo patente es en las escenas en las que el protagonista navega a través de los sitios de noticias en internet buscando información sobre Miranda. Esta parte del capítulo sirve para consolidar no sólo lo que hemos venido descubriendo del país que describe el autor, sino también para seguir explorando la personalidad de José Cantoná.

Para esto último también será importante un personaje que hasta ahora había aparecido de forma más bien incidental, Jairo Calderón. Dado el papel que parece tener de puente entre el difunto Akira y Cantoná, podemos intuir que su presencia en la historia será muy importante.



Sigan pendientes de Lectores a Fondo, pues continuaremos con el capítulo 3 de Tres ataúdes blancos.

lunes, 2 de mayo de 2011

Tres ataúdes blancos - Capítulo 1

Continuamos con la lectura de Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar.

Después de la información que se nos proporcionó en el prólogo, el capítulo 1 termina de redondear cuanto restaba por ser redondeado y nos ofrece nuevos datos; en realidad es todo lo que debería ser el primer capítulo de una novela: establece el conflicto, presenta a los personajes principales y ofrece pistas sobre lo que será el posterior desarrollo de la historia.

Varias cosas son dignas de llamar la atención para nuestra lectura. Lo primero es la vacuidad de la vida del narrador-protagonista José Cantoná, quien acepta sustituir a Pedro Akira (rompiendo con ello las rutinas que constituían su existencia, como ya vimos al referirnos al prólogo), aún a costa de su propia seguridad, por la idea arraigada de que su destino está ligado al del difunto candidato. Para esta suplantación, el protagonista será sometido por su autor a un interminable juego de disfraces, con el fin de evitar mostrarse a quienes pudieran darse cuenta del engaño.

Sin embargo, es en los momentos en los que se arranca todas las máscaras cuando más se parece a Akira, según nos dice él mismo, y cuando más cercana parece ser su relación con la enfermera Ada Neira, lo que nos lleva a preguntarnos si ella se siente atraída a Cantoná o al recuerdo del muerto.

También en este capítulo se termina de delinear a quien, nos previene el propio narrador, será una figura principalísima dentro del relato: el presidente Tomás del Pito. De nuevo el talento de Ungar se hace presente para describir a un personaje que es al mismo tiempo temible y ridículo, el “minúsculo magnánimo”, el irrisorio dictador de la República de Miranda que resulta ser omipotente y omnipresente, como un dios. Del Pito también lleva su propia máscara, en este caso la de un gobernante patriota y piadoso, para ocultar su despotismo y sus corruptelas. La máscara es sostenida por la mayor parte de los medios de comunicación, cómplices del poder, y mantenida por medio de la represión.

Una última referencia religiosa se encuentra en el tiempo trancurrido durante el relato de estos hechos: seis días, el mismo tiempo que la tradición judeocrsitiana establece para la creación del mundo.



En los próximos días continaremos con la lectura del capítulo 2 de Tres ataúdes blancos. Mientras tanto, sigan compartiendo con nosotros sus propias lecturas.

miércoles, 27 de abril de 2011

Tres ataúdes blancos - Antes de empezar

Bienvenidos a una nueva lectura a Fondo: comencemos a leer Tres ataúdes blancos (2010) del colombiano Antonio Ungar (Bogotá, 1974).

El libro, ganador del XXVIII Premio Herralde de Novela, inicia con un prólogo titulado “Antes de empezar” en el que, como inmediatamente podemos intuir, el narrador-protagonista de la historia nos pone en antecedentes respecto a la “acción que todavía no se acciona”.

Son varios los rasgos que desde estas primeras páginas llaman la atención del lector. Nos referiremos primero a aspectos del estilo narrativo de Antonio Ungar y después a elementos particulares de la historia.

Lo primero que podemos destacar del texto es la manera en la que el autor se vale de su magnífico manejo del lenguaje para crear episodios humorísticos. El humor de la novela va del simple juego de palabras, a la sutil asociación de ideas, a la más divertida mordacidad. Incluso asuntos tan terribles como un asesinato (o muchos) se revisten de un certero humor negro.

También es de llamar la atención la conciencia que hay en el texto (y en su narrador) de estarnos contando una ficción. Las constantes referencias que el protagonista hace de sí mismo como el “héroe y único narrador autorizado” de la historia, la narración que se sustenta en la descripción de planos cinematográficos, la explicitud con que el narrador se refiere a todo lo que nos cuenta como un texto literario (con escenas merecedoras incluso de su propio subtítulo), nos impiden, por una parte, pensar en lo referido como algo real, pero por la otra nos enganchan en el juego de imaginación que nos propone el autor.

¿Pueden pensar en algo más sobre el estilo de Ungar que les parezca digno de mención?

Respecto a la historia, ésta apenas empieza a ser contada. Todo lo que debemos saber para su desarrollo se nos refiere desde la primera página. Lo más importante a lo largo de esta sección es tal vez la construcción que en ella se hace de José Cantoná, el protagonista-narrador-héroe de Tres ataúdes blancos. Todo lo que nos cuenta sobre su padre, sobre el candidato Pedro Akira, sobre su amigo Jorge Parra, sobre la República de Miranda y su situación política (incluyendo al presidente Del Pito), pero, sobre todo, cada una de las rutinas interrumpidas (la música que no puede seguir tocando, el padre que actúa como estatua de mármol, el asesinato de Akira), en realidad sirve principalmente para edificar su propia identidad, para convertirse en el protagonista-narrador-héroe con el que los lectores debemos identificarnos para poder seguir con interés el curso del relato.

Para el final dejamos algo esencial que se nos informa desde la primera línea: “Una cosa llevó a la otra.” Tras esta aclaración debemos esperar que todo lo que en esta novela ocurra será consecuencia de algo anterior, así que tenemos que estar atentos a lo que leamos, no sólo para comprender la historia, sino para disfrutarla.Y desde el prólogo nos parece que será una historia disfrutable, ¿no les parece?, ¿qué opinan ustedes?

No olviden participar con nosotros y compartir su propia lectura de Tres ataúdes blancos. Continuaremos en los próximos días con el capítulo 1.

lunes, 25 de abril de 2011

Tres ataúdes blancos

Tres ataúdes blancosA partir de esta semana iniciaremos la lectura del libro que resultó ganador en la última votación de Lectores a Fondo: Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar. En esta trepidante novela, ganadora del Premio Herralde 2010, tienen cabida el thriller político, el relato policial, la sátira social, la historia de amor... No en vano su propio autor se refiere a ella como “un concierto de punk de trescientas páginas”.

Comenzaremos por el capítulo titulado “Antes de empezar”, una suerte de prólogo en el que el autor, por medio de José Cantoná, su narrador-protagonista, nos pone, como el nada sutil título del apartado nos hace suponer, en antecedentes de la historia que se nos relatará.

Revisaremos después cada uno de los once capítulos y el epílogo —titulado, nuevamente sin sutileza alguna, pero de forma muy sugerente, “Después del final (El principio)”—, para concluir con una revisión general de la obra.

Esperamos que nos acompañen a lo largo de esta nueva aventura con Tres ataúdes blancos. Su participación es muy importante, porque en el Fondo todos leemos.